15 de junio de 2015
Ya soy mayor para cambiar o no conozco la plasticidad de mi cerebro
1 de diciembre de 2014
Competencias emocionales 2 o aprendiendo a relativizar
Pongamos por ejemplo alguna de estas situaciones que nos generan estrés, desazón, nervios, enfado,...En un primer momento, cuando sentimos que el sentimiento o emoción nos invade de lleno y aparecen sensaciones fisiológicas, ¿qué pensamientos suelen aparecer? "esto es un desastre"; "no voy a poder con ello"; "¿cómo ha podido pasar?";...Y otras ideas catastrofistas similares, ¿te reconoces?
A continuación, nuestro cuerpo buscará la homeostasis o equilibrio pues no resulta sano mantener el estado de sobreactivación fisiológica durante mucho tiempo. Nuestra inteligencia emocional nos permitirá entonces relativizar y encontrar pensamientos alternativos que acompañen a una serie de estados afectivos algo más suaves.
Sentiremos que necesitamos prestar toda nuestra atención para resolver la situación ("a ver, vamos a mirar este asunto con perspectiva que seguro encuentro alguna solución"); sentiremos activación de manera más controlada ("si me concentro y utilizo mis recursos, encontraré una salida aceptable"); sentiremos que quizás no es la situación ideal y que requiere de alguna acción por nuestra parte para generar un cambio que nos convenza más ("bueno, lo que ha pasado no me satisface, a ver qué puedo hacer a partir de ahora").
Estas serían algunas de las situaciones que podrían aparecer cuando relativizamos y tomamos perspectiva, cuando aplicamos nuestra inteligencia emocional a las situaciones con las que nos enfrentamos.
Dejar que nuestro cuerpo mantenga ese estado de sobreactivación acompañándolo de las emociones que aparecieron en primer lugar y entrar en bucle con los pensamientos catastrofistas señalados anteriormente, nos habla de alguna carencia o falta de competencias emocionales, nos habla de una necesidad por encontrar o desarrollar recursos que nos permitan abordar las situaciones, sean cuales sean, sin desfallecer en el intento, sin machacarnos, sin añadir sufrimiento extra.
También nos pueden hablar de debilidades puntuales, cuando no es lo habitual, sino una reacción concreta en función de la situación, de nuestra situación particular en ese momento o de alguna otra variable que puede estar influyendo en ese momento.
Como puedes ver, lo importante para saber si estás utilizando tus competencias emocionales de una manera positiva para ti y para tu entorno, dependerá en gran medida de tu capacidad de autoobservación inicial para saber cual es tu tendencia.
¿Necesitas entrenar alguna de las capacidades o competencias aquí señaladas? ¿crees que en tu Organización se podrían abrir las vías para desarrollar las competencias emocionales? En Kaiden sabemos cómo abordar este trabajo, ¿por qué no nos preguntas? Estaremos encantadas de escucharte y de proponerte una solución concreta para tus necesidades específicas: info@kaiden.es
12 de julio de 2011
LA SEÑORA PEPITA
Después de muchas horas de esperar pacientemente en la recepción del asilo de ancian
os, ella sonrió muy dulcemente cuando le avisaron que su habitación estaba lista. Mientras maniobraba su andador hacia el ascensor y yo le iba dando una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las sábanas y cortinas que habían sido colgadas en su ventana, dijo: "me encantan", con el entusiasmo de un chiquillo de 8 años al que acaban de mostrar un nuevo cachorro.
- Sra. Pepita, usted aún no ha visto el cuarto... espere.
- Eso no tiene nada que ver, contestó. La felicidad es algo que uno decide con anticipación. El hecho de que me guste mi cuarto o no me guste, no depende de cómo esté arreglado el lugar, depende en como yo arregle mi mente. Ya había decidido de antemano que me encajaría.
Es una decisión que tomo cada mañana al levantarme. Estas son mis posibilidades: Puedo pasarme el día en cama, enumerando las dificultades que tengo con las partes de cuerpo que ya no funcionan, o puedo levantarme de la cama y agradecer por las que sí funciona. Cada día es un regalo y, durante el tiempo que mis ojos se abran, me enfocaré en el nuevo día y en las memorias felices que he guardado en mi mente... sólo en este momento de mi vida. La vejez es como una cuenta bancaria... uno extrae de lo que ha depositado en ella.
Entonces, mi consejo para ti sería que deposites gran cantidad de felicidad en la cuenta bancaria de tus recuerdos. Gracias por lo que has hecho para llenar mi banco de memorias. Sigo depositando, ¿y tú?
(Relato que aparece en varias páginas y blogs, sin firma)
14 de marzo de 2011
Los cambios
Como veis, hemos cambiado la imagen del blog. Y aprovechando este hecho, he decidido hablar de los cambios.
Ahora mismo, en la actual sociedad, vivimos en permanente contacto con el cambio, cambian las formas de relacionarnos, de trabajar, de alimentarnos, de educar, de viajar…Hemos pasado de encontrarnos con nuestros conocidos en la plaza del pueblo, a estar en contacto con amigos y conocidos a miles de kilómetros sin movernos de nuestra silla. Hemos pasado del empleo de toda la vida, a vivir en periodos de estabilidad, seguido de periodos en desempleo (mismo símil para la pareja). Nuestra sociedad no se parece en nada a aquella en la que crecieron nuestros padres, por no hablar de nuestros abuelos. Los cambios se producen, nos identifiquemos o no con ellos. Y entonces entra en juego nuestra capacidad de adaptarnos a estos cambios sociales o a otros más personales o individuales.
La mayor o menor capacidad de adaptación determinará, en muchos casos, la vivencia saludable de los cambios.
Y yendo un poco más lejos, me atrevo a afirmar, que cuando tomamos las riendas o la iniciativa (aunque el cambio no haya sido decidido por nosotros, que haya sido impuesto, veáse un despido o cambio de puesto, un revés de salud, una ruptura sentimental) y pasamos a la acción, vinculando esa acción con un plan más a largo plazo, con una visión de lo que queremos sea nuestra vida dentro de unos años, los cambios, inevitables o no, decididos o no, impuestos o no, son más sencillos.
Buscando un símil, se trata de tomar los pinceles entre nuestras manos y dibujar el cuadro de nuestra vida, aunque no tengamos los colores exactos o el lienzo no tenga el tamaño que hubiéramos elegido.
A modo de resumen, desde mi punto de vista, los cambios tienen dos componentes importantes:
1- Cuanta más iniciativa tenga en el cambio, más fácil será mi adaptación al mismo.
2- La visión a largo plazo hace que el periodo de incertidumbre, que conlleva todo cambio, se haga más llevadero.
Son ideas simples, pero más poderosas de lo que parecen a priori. Quizá las has escuchado o leído en alguna ocasión, pero ¿has reflexionado sobre ellas? ¿Te resuenan? ¿Las podrías sentir como propias?
Y ahora…te invito a reflexionar…Piensa en los cambios importantes de tu vida, en términos generales, ¿han sido decididos por ti o impuestos por otros? ¿Qué papel has jugado en dichos cambios? ¿Cómo has vivido los cambios, como riesgos, como pérdidas o como oportunidades? ¿Qué es lo más difícil, a tu juicio, de los cambios? ¿Cómo te hubiera ayudado saber lo que iba a suceder posteriormente? ¿Conoces a alguien a quien admires por cómo gestiona los cambios? ¿Qué hace y cómo lo hace?


