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9 de marzo de 2015

El día Internacional de la Mujer o tener una mirada empoderante.

Hace 3 años escribí en este blog sobre el Día Internacional de la Mujer y las creencias limitantes.

Es una de las entradas más vistas de este blog y tres años después me animo a continuarla y/o ampliarla.

Escribía, entonces, sobre las creencias que tenemos acerca de nuestra persona, de nuestras habilidades y capacidades. De qué manera nos influye la mirada ajena, los roles supuestos, las expectativas y la necesidad de hacer una revisión profunda para ayudarnos a crecer y desarrollarnos.

Hoy quiero apuntar otra idea y es poner en valor lo que ya tenemos, lo que ya hacemos. Muchas personas, (hoy hablo de las mujeres) tienen una mirada propia, de si mismas, de escasez, de ser “poca cosa”, de no “ser suficiente”, de “valer poco”, de “ser poco capaces”, de estar alejadas de las necesidades de la sociedad, sintiéndose rechazadas por el mercado laboral, fuera de lo que la sociedad demanda para ser valiosa.

Creo que como sociedad deberíamos revisar nuestros valores y ponerlos en cuarentena. Y yo, me pregunto, reflexiono…

  • ¿Qué clase de sociedad se permite el lujo de exigir a generaciones enteras de mujeres dedicarse casi en exclusiva a la crianza familiar y el cuidado del hogar para luego expresar que esa labor no se tiene en cuenta o no es valiosa?
  • ¿Qué clase de sociedad se permite el lujo de excluir del mercado de trabajo a casi la mitad de la población por el mero hecho de decidir tener familia?
  • ¿Qué clase de sociedad estamos creando entre todas y todos?
  • ¿Qué mirada o visión tenemos que sólo consideramos valioso lo que es productivo en términos económicos?
  • ¿Qué mirada tenemos de nuestra propia persona o de nuestra propia vida si nos identificamos con la idea de que lo que no es exitoso en términos económicos no es valioso?
  • ¿De qué manera estamos cayendo en las trampas que nosotros/as mismos/as queremos cambiar?


Cada persona, seamos mujeres u hombres, podríamos aprovechar una conmemoración como esta para reflexionar sobre qué papel estamos jugando para mantener esta sociedad no igualitaria en término de oportunidades o qué estamos haciendo para contribuir a su cambio.

¿Soy parte del problema o de la solución?

Os dejo un vídeo de la campaña de ONU Mujeres Beijing+20 “Empoderando a las Mujeres, Empoderando a la Humanidad: ¡Imagínalo!”






15 de abril de 2013

¿Quieres o tienes que?


Si, si…no es lo mismo ni es igual. No es lo mismo decir (y, por tanto pensar o sentir) que “tengo que hacer la compra” que expresar “quiero hacer la compra”

No es lo mismo “tengo que dejar de fumar” que “quiero dejar de fumar”.

¿Sientes los matices? En la primera, en el tengo que, hay una presión, una obligación, mientras que en la segunda hay intención, ganas, motivación.

En la primera opción, parece que alguien o algo me fuerza a dejar de fumar, mientras que en la segunda, se intuye que soy yo quien decide dejar el hábito, y por tanto, como es algo que yo decido, me siento más motivado/a y responsable de alcanzarlo.

Igual pasa con expresiones como “debería” “no debería” “podría” “no podría”. Se trata de expresiones que encierran normas sociales, creencias limitantes (sobre nosotros/as mismos/as o sobre el entorno, las circunstancias, etc), obligaciones autoimpuestas, etc.

“debería empezar a hacer deporte” “no debería trasnochar tanto los fines de semana” “podría haber estado más atenta y hacerlo mejor”, “ya debería saber gestionar estas situaciones estresantes” etc.

Es importante descubrir hasta que punto esta forma de pensar (y de expresarte) te puede estar limitando para alcanzar los objetivos que te has planteado. En un proceso de coaching, el/la coach te ayudará, a través de preguntas, a cuestionarlo y descubrirlo.


Si una persona expresa, en el diálogo del proceso de coaching, “debería hacer eso”, el/la coach puede sugerirle: ¿deberías o quieres hacerlo? ¿Qué pasaría si no lo hicieras? ¿Quién o qué dice que deberías hacerlo?

Buscamos la fórmula para que cada persona se sienta motivada y asuma las riendas de sus planes, metas o propósitos. No nos sentimos igual si hacemos algo por que lo deseamos por que creemos que es nuestra obligación. ¿estás de acuerdo? ¿Cómo expresas tus planes? ¿Cómo “tengo que” o como “quiero”?
¿Hay muchos deberías en tu vida? ¿Puedes transformarlos en “quieros”?


8 de abril de 2013

El coaching para "curar" generalizaciones.

Sin caer en una generalización, podríamos decir que prácticamente todas las personas en algún momento hemos tenido algún tipo de creencia que, según para hacer qué cosas, nos ha limitado. 

Por lo tanto, las creencias limitantes no son más que una realidad transitoria por la que las personas podemos estar pasando sin llegar a ver la puerta de salida. Esto ayudaría a que esa realidad fuese menos transitoria y que nos instalásemos en ese estado por más tiempo del "necesario". 

¿De dónde vienen estas creencias limitantes? 

En nuestro lenguaje existen términos que nos hablan y permiten hablar de lo absoluto: siempre, nunca, todo, nada,.....¿Para qué usamos estas palabras? ¿De qué manera nos sirven estas generalizaciones? Por ejemplo, si enseñamos a un niño o a una niña que siempre que pongas la mano encima de una llama te quemarás, el uso del término absoluto refleja una realidad no cambiante. En ese caso, podemos afirmar que si metemos la mano en el fuego siempre nos quemaremos. Si aprendo a conducir un coche, podré generalizar ese aprendizaje para conducir en otros vehículos distintos al que me ha servido para aprender. 

Qué sucede si a ese mismo niño o a esa misma niña a quienes hemos enseñado que el fuego siempre quema, ante otra situación, por ejemplo no sabe multiplicar, le decimos frases tipo: "nunca aprendes nada"; "no sabes nada"; "siempre tardas mucho en aprender";....¿reflejarían una realidad? ¿le estaríamos enseñando algo útil? ¿y si se la repetimos en otras ocasiones a lo largo de su vida? Esa generalización se convertirá en una creencia y podrá guiar el comportamiento de la persona incluso en su edad adulta. 

En ese momento, en el que la persona que ha crecido creyendo que es muy lenta para aprender y que no sabe nada, inicia un proceso de coaching. Entonces, a lo largo del proceso y gracias a las preguntas "provocadoras" de su coach re-aprende otra realidad: las generalizaciones no son aplicables cuando hablamos de aptitudes, actitudes o personalidad porque las personas cambiamos, evolucionamos y nos transformamos día a día. Las generalizaciones pueden aplicarse a leyes físicas o mecánicas, no al comportamiento de las personas. Y eso, lo aprende en un proceso de coaching en el que descubre otra mirada de si misma, en el que descubre que las generalizaciones solo eran ciertas cuando ella creía que lo eran. Y acompañada por su coach encuentra el "antídoto" contra sus creencias limitantes.